En la estación. Esperando, sentado. Siempre estaba él.
Demasiadas cosas pensaba y otras cuantas decidía no pensar.
Sabía que sentía una especie de soledad con restos de bronca provocada, quizá, por una evitable y completamente predecible entrega de confianza en manos equivocadas. Debería haberlo supuesto. Las personas se defraudan todo el tiempo, unas o otras. Como si fuera un juego, pero sin reglas. Claro. Este juego de amistad no está sujeto a ningún tipo de reglas. Cada jugador hace lo que quiere o lo que el otro no quiere (…)
Que importante la libertad para comportarse, una libertad que permite herir y defraudar, sin reparar, quizá hasta último momento, en las consecuencias de la jugada. Muchos juegan este juego, y otros no saben que lo están jugando y, por supuesto, aquellos resultan los grandes perdedores.
Hoy perdió, el juego y su amistad. Ayer también perdió, lloró y gritó. Y lloró de nuevo. Nunca creyó que se permitiría volver a sentir esa sensación. Y hoy la está sintiendo por él, como ayer la sintió por ellas. Y el dolor no se va, ese dolor nunca se va. Esos restos de soledad y bronca están siempre y va a volver a ignorarlo. Quiere seguir jugando. Pero elige jugar con respeto y confianza. Por eso no va a jugar más con él.
El tren llegó. Él se fue.
Ella abandonó el juego que él había comenzado hace tanto.
Hoy no más ellos. Hoy no más nosotros.
domingo, 3 de febrero de 2008
domingo, 27 de enero de 2008
Algo así como una oportunidad
Y era como estar acorralado entre cuatro paredes y no ver la puerta, tampoco la ventana, ni siquiera un agujerito en la pared. Quiere y no puede, y aunque encuentra la puerta no sirve de nada. Está atada , de pies y manos y no se puede mover. Por momentos parece que va a salir y se prepara para el gran momento y al final resulta que se lo había imaginado, que el momento nunca llega y que todo fué una ilusión, hermosa, pero una ilusión al fin.
Los nudos siguen tan atados como siempre y las paredes tan firmes como antes. Nada había cambiado pero en su cabeza una película distinta se había proyectado. Y entonces tiene que decidir si volver a la mediocridad de la vida entre aquellos muros o a la imaginaria pero segura felicidad de sus pensamientos.
Y cree saber la respuesta, pero todo parece confundirle, llega a considerar que a veces es segura aquella mediocridad, y le da miedo dejar lo seguro. ¿Por que lo dejaría? Demasiados riesgos habría q correr… ¿y si al final nada es lo que parece? ¿Y si entonces nada valió la pena? ¿Y si de repente lo otro es pasajero? Si se arriesgara… por única vez se arriesgara..y después se quedara sin nada? Es miedo o inmadurez? Es bronca o impotencia? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo vivirán realidades tan distintas?
¿Hasta cuándo ella, aquella realidad segura, va a tomar sus decisiones? Por qué lo hace? ¿Para ahorrarse trabajo o para garantizarle que las decisiones fueran las correctas?
¿Acaso no existe ningún riesgo en aquella realidad? ¿Es allí todo perfecto? No quiere ese lugar frío, de dudosa tranquilidad. Hoy no. Mañana quizás lo necesite y lo busque con desesperación. Hoy no. De eso si está segura. Hoy su lugar es otro y ansía ocuparlo pronto. Pero sigue atada, cómo olvidarlo.
Siempre lo estuvo y las puertas cerradas, ni siquiera hay puertas. Sin embargo, puede elegir buscarlas...
¿Puede? ¿Realmente puede? . Encontrar aquella puerta secreta y usarla, ¿se animaría en algún momento? ¿Será aquello considerado una rebelión? ¿O simplemente la rebelión y el crimen será pensar tan sólo en esa posibilidad? De cualquier forma, despertaba su curiosidad, esa puerta al fondo de su conciencia, esperando que sea abierta. Para mostrarle, al fin, otra realidad. Una que le guste, una que se acomode a su forma de ¿vivir?.
Desea que exista pero en el fondo sabe que no. Que el dolor y la soledad a veces crean sueños de cosas imposibles sólo para hacer más placentera esta realidad que resulta ser la única , ¿o no? O sólo ayuda a no sentir los nudos apretados y el cuarto tan oscuro. Tal vez sea la puerta escondida la que le haga mejor y no la realidad que encuentre al abrirla y quizá pensarlo sea, ya, una quimera. Algo así como una oportunidad. Su Utopía
Los nudos siguen tan atados como siempre y las paredes tan firmes como antes. Nada había cambiado pero en su cabeza una película distinta se había proyectado. Y entonces tiene que decidir si volver a la mediocridad de la vida entre aquellos muros o a la imaginaria pero segura felicidad de sus pensamientos.
Y cree saber la respuesta, pero todo parece confundirle, llega a considerar que a veces es segura aquella mediocridad, y le da miedo dejar lo seguro. ¿Por que lo dejaría? Demasiados riesgos habría q correr… ¿y si al final nada es lo que parece? ¿Y si entonces nada valió la pena? ¿Y si de repente lo otro es pasajero? Si se arriesgara… por única vez se arriesgara..y después se quedara sin nada? Es miedo o inmadurez? Es bronca o impotencia? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo vivirán realidades tan distintas?
¿Hasta cuándo ella, aquella realidad segura, va a tomar sus decisiones? Por qué lo hace? ¿Para ahorrarse trabajo o para garantizarle que las decisiones fueran las correctas?
¿Acaso no existe ningún riesgo en aquella realidad? ¿Es allí todo perfecto? No quiere ese lugar frío, de dudosa tranquilidad. Hoy no. Mañana quizás lo necesite y lo busque con desesperación. Hoy no. De eso si está segura. Hoy su lugar es otro y ansía ocuparlo pronto. Pero sigue atada, cómo olvidarlo.
Siempre lo estuvo y las puertas cerradas, ni siquiera hay puertas. Sin embargo, puede elegir buscarlas...
¿Puede? ¿Realmente puede? . Encontrar aquella puerta secreta y usarla, ¿se animaría en algún momento? ¿Será aquello considerado una rebelión? ¿O simplemente la rebelión y el crimen será pensar tan sólo en esa posibilidad? De cualquier forma, despertaba su curiosidad, esa puerta al fondo de su conciencia, esperando que sea abierta. Para mostrarle, al fin, otra realidad. Una que le guste, una que se acomode a su forma de ¿vivir?.
Desea que exista pero en el fondo sabe que no. Que el dolor y la soledad a veces crean sueños de cosas imposibles sólo para hacer más placentera esta realidad que resulta ser la única , ¿o no? O sólo ayuda a no sentir los nudos apretados y el cuarto tan oscuro. Tal vez sea la puerta escondida la que le haga mejor y no la realidad que encuentre al abrirla y quizá pensarlo sea, ya, una quimera. Algo así como una oportunidad. Su Utopía
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